Con estudio profesional en Río de Janeiro, este urbanista argentino ha dirigido buena parte de su carrera a repensar las favelas de su país de acogida, a regenerar barrios malheridos por la falta de servicios y condiciones de salubridad a menudo terribles. La inauguración de la primera parte del rescate de Domingo Savio le trajo de nuevo al país.

— ¿Cómo catalogaría el proyecto de Domingo Savio? ¿Muy ambicioso, abarcador, se puede replicar?

Domingo Savio tiene 57,000 habitantes. Está entre las grandes favelas del Caribe urbanizadas; hay otras, pero no están urbanizadas. Entre las grandes incluyo las de Colombia, Venezuela… Esta es una de las más significativas de la región del Caribe. Por eso tiene un valor simbólico bien interesante, porque se han hecho otras favelas en condiciones mayores, pero ésta, en la escala de una ciudad como Santo Domingo tiene el valor simbólico significante de que es posible intervenir la escala grande con calidad y transformando de manera integral su infraestructura, urbana, ecológica y social.

— ¿Qué se plantea primero a la hora de intervenir un barrio degradado?

Creo que desde hace unos años lo que tenemos que unir es urbanismo y economía. La pobreza solo se erradica si se crean fuentes de trabajo y es una ecuación difícil ligar economía y urbanismo, pero es necesario.

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El Paseo del Río, recuperado para el uso del ciudadano. (NELSON PULIDO )

— En el caso concreto de Domingo Savio, un gobierno nuevo de otro partido político decidió continuar el plan del anterior…

¡Sí! Eso tiene un valor ejemplar y muestra que es posible que haya continuidad aun con concepciones diferentes. Es uno de los ejemplos de Domingo Savio.

—¿En Brasil siguen trabajando con las favelas bajo este mismo concepto?

No a partir de Bolsonaro, ya que no tiene interés en lo social. Continúan haciendo algunos proyectos habitacionales solo para policías, que es uno de sus apoyos políticos. Es gremial. El resto de los programas en favelas en Sao Paulo y demás ciudades… no se ha hecho más nada. Ese es prácticamente gremial.

—La intervención de las favelas sin desalojar a la gente fue algo rompedor. ¿Ahora cuál es la visión?

Sí, además de habitación y de equipamientos públicos como escuelas, guarderías, centros deportivos y culturales… Además de eso, la cuestión es pensar y viabilizar estos centros donde se junte tecnología de alto desempeño digital con la tradicional. Convirtiéndose en gran espacio y produciendo sinergias, materialización de prototipos, exposición de productos. Es lo que pensamos en este momento. El concepto de generación de riqueza es fundamental como propuesta. Es la frontera entre lo formal e informal.

—Parece complicado…

Sería un lugar de pasaje, encuentro, donde diferentes niveles sociales y tecnológicos se encuentran. La función del mercado antiguo en las ciudades y el mercado tradicional de Europa, solo que dirigido no a la venta de comestibles, sino a la producción de servicios. Desde el zapatero, relojero etc. Esto para la clase media donde en un solo lugar tenía todo lo que necesitaba y no estaba disperso.

—Todo en un único lugar…

Esto nos da una economía de escala, esto ayuda porque en un solo lugar se resuelve todo en cuanto a la producción, en manufactura que no requiera grandes máquinas ni motores y se pueda planear, producir e idear y promover la inteligencia comunitaria y la asociatividad de diferentes personas para generar un proyecto que individualmente no podrían. Es un lugar simbólico y significativo de las ciudades que no está escondido.

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Arq. Jorge Mario Jáuregui (NELSON PULIDO )

—Las viviendas de clase media son cada vez más pequeñas. ¿Es una tendencia mundial?

Para la clase media, para los sectores formales de la sociedad, es cada vez menor. ¿Cuánto es el metraje en Río de Janeiro? Hasta 25 metros cuadrados, muy pequeños. Cuando yo llegué a Brasil, había unos conyugados en Copacabana con solo lo necesario, súper pequeños. Después se transformó en norma porque la gente quiere vivir en el centro y cerca de los medios. Ahí solo pueden ser torres de edificios y casas pequeñas o para otra clase mucho más alta que tienen edificios con otras dimensioens. Esa lógica del mercado que venía antes de la pandemia se puso en crisis. Estos mini espacios que no tienen ni balcón y en los que no podías hacer nada…

—¿Solución?

Entra la lógica del mercado, de juntar y amontonar cerca de los puntos de transporte de masas para tener movilidad rápida: hay una demanda para eso, sobre todo gente joven y soltera o sin hijos. Nosotros hacíamos apartamentos de sala y dos cuartos con 45 metros cuadrados. Esto tiene sala, cocina, área de servicios, baños y 2 habitaciones. Se puede vivir bien en ese mini departamento. No puedes llevar mucha gente claro, pero está bien para vivir en espacios pequeños.

—¿Volvemos a la idea de ciudad ideal de 15 minutos?

Es difícil pensar en ciudad ideal. Las megaciudades están ahí, vinieron para quedarse y van a seguir apareciendo más. En una megaciudad se puede vivir perfectamente, como en Tokio. Es una escala interesante porque tienen varios pisos de autovía, en la planta baja tienen jardines, edificios de 8 y 10 pisos a cada lado de esas autopistas y luego empiezan a bajar hasta un solo piso. Acá tengo tránsito metropolitano, megalopolitano, grandes flujos de la ciudad, abajo bicicletas y demás. Acá cerca la señora que anda en kimono. Está en tiempos distintos por la tecnología aunque esté en el mismo espacio, pero hay que ser japonés para entender. Tokio es un ejemplo de megaciudad que funciona.

—Porque es un país muy rico…

Sí, es cierto que el problema de las megaciudades está en los países pobres.

—En Latinoamérica ¿qué país va mejorando en ese sentido?

En América Latina, hay dos puntos de partida: formal e informal. En Río, por ejemplo, la parte formal la ciudad funciona, la parte informal también. Pero todo el resto, la enorme región metropolitana que tiene más de 3 millones de habitantes, en los suburbios, ahí no mejora y no hay perspectivas de que lo haga. No hay plan, los recursos se canalizan para eventos como la Copa del mundo, Olimpiadas que traen el foco sobre esas acciones que gustan a los políticos y que quedan bien en la foto. Pero todo lo otro detrás sigue igual.

—¿Y Santo Domingo?

Hay demasiados autos en la calle y aquí solo se habla de tapones, a toda hora es hora de tapón. Es un problema serio. Es una cultura del automóvil. Cada uno tiene su auto y muchas familias más de un auto. Ahí no hay ensanchamiento posible para tanto flujo de vehículos y no hay espacios de estacionamiento. Las calles son desagradables cuando hay una masa de metal atravesando por el medio, desplazándose de un lado a otro. En fin, esas son decisiones políticas acerca de sistemas de movilidad urbana.

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